Cuando llegamos a casa, mi tía aún no había llegado. Subimos en silencio las escaleras hasta llegar a mi cuarto. Martín me miraba, creo que se había dado cuenta de que me pasaba algo. Yo estaba molesta porque quería que Martín se diera cuenta de que Linda era idiota... Entonces, como si me hubiera leído el pensamiento me dijo:
- ¿ Por qué te cae mal Linda?
- No la conoces.
- Ya lo sé. Pero tampoco me has dado tiempo a que la conozca.
- Esque no quiero que la conozcas !
- Sigo sin entenderlo...
Entonces alcanzé mi mi móbil y le enseñé el mensaje que Linda me había mandado hace días, amenazándome. La mirada de Martín lo dijo todo, y agradecí que no dijera nada, no tenía ganas de hablar.
Bajamos al comedor. Abrí la nevera y me decepcioné al ver que no había gran cosa para comer. Tenía hambre, y esta vez no iba a reprimirla, así que le propuse a Martín ir a comer una pizza.
- No sé lo que es eso- me dijo extrañado.
- Pronto lo sabrás.
Por un momento pensé que, cuando llegase mi tía, se enfadaría, pero me dio igual; salimos por la puerta y empezamos a caminar. Ninguno de los dos conocía Madrid, así que no sabíamos que camino tomar. Caminamos durante un buen rato y Martín dijo:
- Va a llover.
- ¿ Como lo sabes ?
- Miré para el cielo y hacía sol, no parecía que fuera a llover.
- Losé porque, cuando va a llover, lo siento.
Entonces unas nubes negras nublaron el cielo, y lo que en principio eran unas gotitas, todo acabó en un gran chaparrón.
La lluvia me encantada, así que no tenía problema en mojarme. Cada vez llovía más, pero a Martín tampoco parecía importarle; empecé a bailar y cogí por un brazo a Martín. Bailamos, corrimos y saltamos;
y así fue como bajo la lluvia, me di cuenta de que la vida da muchas vueltas, yo lo sabía bien... pero no me importaba seguir girando mientras Martín estuviera conmigo.
- ¿ Por qué te cae mal Linda?
- No la conoces.
- Ya lo sé. Pero tampoco me has dado tiempo a que la conozca.
- Esque no quiero que la conozcas !
- Sigo sin entenderlo...
Entonces alcanzé mi mi móbil y le enseñé el mensaje que Linda me había mandado hace días, amenazándome. La mirada de Martín lo dijo todo, y agradecí que no dijera nada, no tenía ganas de hablar.
Bajamos al comedor. Abrí la nevera y me decepcioné al ver que no había gran cosa para comer. Tenía hambre, y esta vez no iba a reprimirla, así que le propuse a Martín ir a comer una pizza.
- No sé lo que es eso- me dijo extrañado.
- Pronto lo sabrás.
Por un momento pensé que, cuando llegase mi tía, se enfadaría, pero me dio igual; salimos por la puerta y empezamos a caminar. Ninguno de los dos conocía Madrid, así que no sabíamos que camino tomar. Caminamos durante un buen rato y Martín dijo:
- Va a llover.
- ¿ Como lo sabes ?
- Miré para el cielo y hacía sol, no parecía que fuera a llover.
- Losé porque, cuando va a llover, lo siento.
Entonces unas nubes negras nublaron el cielo, y lo que en principio eran unas gotitas, todo acabó en un gran chaparrón.
La lluvia me encantada, así que no tenía problema en mojarme. Cada vez llovía más, pero a Martín tampoco parecía importarle; empecé a bailar y cogí por un brazo a Martín. Bailamos, corrimos y saltamos;
y así fue como bajo la lluvia, me di cuenta de que la vida da muchas vueltas, yo lo sabía bien... pero no me importaba seguir girando mientras Martín estuviera conmigo.