Me desperté en una habitación pequeña. Estaba en una camilla y a mi lado, había una mujer enorme que me miraba con ternura. Creo que nadie me había mirado así desde hacía tiempo... Le sonreí. También hacía tiempo que no sonreía. Entonces la mujer, me acarició el pelo y me dijo:
- ¿ Estás bien ?
- Sí. ¿ Que me ha pasado ?
- Te has desmayado, cariño. No pasa nada. Creo que ha sido una bajada de tensión. En un rato ya podrás marcharte.
Miré el reloj. Eran las 4 de la tarde. Ya debería estar en casa.
Miré de nuevo a la mujer.
- ¿ Cómo te llamas ? - le pregunté.
- Me llamó Carmela. ¿ Y tú ? - me sonrió de nuevo.
- Yo me llamo Soraya.
- Nunca te había visto porque el colegio, debes de ser nueva. Es duro ser la nueva. Yo también lo fui en mi tiempo. Todo el mundo se reía de mi.
- ¿ Por qué se reían de ti ?
- No lo sé. Supongo que por mi físico. Siempre me miraban mal. Pero estoy acostumbrada.
Ojalá la gente pensara como yo. Que solo importa el interior.
- Yo pienso igual que tú - le miré a los ojos y noté que se había emocionado. Carmela me caía bien. Por eso decidí contarle todo lo que me había pasado...
- ¿ Puedo contarte algo ?- le pregunté.
- Por supuesto.
- Odio mi vida. Hace unas semanas que mis padres murieron en un accidente. Es lo peor que le puede pasar a una persona. A veces se le morían los familiares a la gente que conocía. Los veía triste y me compadecía de ellos. En realidad, no sabía lo mal que lo pasan de verdad. Ahora sí lo es, y es todavía peor de lo que parece... Nunca imaginé que lo viviría en primera persona. No sé porqué ha tenido que pasarme esto a mi. Me gustaría poder retroceder al pasado, al menos para abrazar a mis padres por última vez. Cuando ellos vivían, muchas veces discutíamos. La mayoría del tiempo lo pasaba con mis amigas o haciendo otras cosas. Ahora me arrepiento de no haber aprobechado el tiempo a su lado. Fui una tonta. - vi como Carmela lloraba, no pude conterme yo tampoco. Aún así, seguií hablando. - Ahora vivo con mi tía. Yo vivía en León y tuve que trasladarme aquí. Odio a mi tía. Ella odiaba mis padres y a mi también me odia. No aguanto más todo esto. Ojalá hubiera muerto yo en aqu...
- Soraya- dijo.
No me dejó acabar la frase.
- No quiero oírte decir eso. Mira, no puedo decir que te entiendo, porque nunca viví lo que tu estás pasando, pero... sí que puedo aconsejarte. Mira, todo lo que te ha pasado es muy duro. Pero hay que seguir adelante. Tuviste suerte en salvarte, Soraya. Aún te queda mucha vida por vivir... seguro que encuentras a una persona por la que merezca la pena vivir- aún tenía lágrimas en los ojos.
Tenía toda la razón del mundo.
- Tienés razón. Lo siento. Muchas gracias; creo que eres una gran persona. La mejor que conozco y que esté viva en estos momentos.
- Ya puedes irte Soraya. Mucha suerte en la vida.
- Me levanté y la abracé.
Entonces, salí por la puerta de aquella enfermería un poco menos triste que antes.
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