Me asomé a la ventana asustada. Miré al suelo y después hacia el cielo, y entonces, ví a Martín, volando con una elegancia que ni en las películas la había visto, con una naturaleza que... daban ganas de tirarte !. Se acercó hasta a mí. Yo estaba atónita. Era increíble. Toda mi vida había soñado con volar y ahora, mi amigo Martín volaba frente a mis ojos...
- ¿ Cómo lo haces ? - le pregunté.
- ¿ Cómo que cómo lo hago ? No sé. Simplemente, me dijeron que podía volar y, volé.
Debía ser algo que solo podían hacer personas como él...
- Te prometo que algún día, tu también volarás.- me dijo con una sonrisa.
Eso me emocionó.
Entró de nuevo en mi casa. De pronto, el sonido de la puerta principal me hizo volver a la realidad. "Mierda", pensé. Mi tía había llegado. empecé a ponerme nerviosa.
- ¿ Qué pasa ?- me preguntó Martín.
- Shhhh ! - le dije mientras le agarraba.
- Métete debajo de la cama y no hagas ningún ruído- le susurré.
- ¿ Quieres que me esconda ? No sería más fácil que desapareciera ?- me dijo.
- ¿ Cómo ? - le pregunté. No entendía lo que quería decirme.
Entonces así sin más, de repente, desapareció. Y escuché su voz que decía:
- Tranquila, estoy aquí. Puedo hacerme invisible. Te lo explicaré en otro momento.
Cada minuto que pasaba, me sorprendía más.
Se abrió la puerta de golpe, y el rostro enfadado de mi tía se frunció cuando empezó a gritarme:
- ¡ Se puede saber dónde estabas!?
No contesté. Permanecí en silencio. Se acercó a mi, y me pegó. Sí, me pegó. Comprimí las lágrimas, pero cuando salió dando un portazo, todas se derramaron sobre mi mejilla lentamente...
Entonces sentí la mano de Martín y, aunque no pudiera verle, imagine su sonrisa, la sonrisa de un amigo que es capaz de borrar cada lágrima.
- ¿ Cómo lo haces ? - le pregunté.
- ¿ Cómo que cómo lo hago ? No sé. Simplemente, me dijeron que podía volar y, volé.
Debía ser algo que solo podían hacer personas como él...
- Te prometo que algún día, tu también volarás.- me dijo con una sonrisa.
Eso me emocionó.
Entró de nuevo en mi casa. De pronto, el sonido de la puerta principal me hizo volver a la realidad. "Mierda", pensé. Mi tía había llegado. empecé a ponerme nerviosa.
- ¿ Qué pasa ?- me preguntó Martín.
- Shhhh ! - le dije mientras le agarraba.
- Métete debajo de la cama y no hagas ningún ruído- le susurré.
- ¿ Quieres que me esconda ? No sería más fácil que desapareciera ?- me dijo.
- ¿ Cómo ? - le pregunté. No entendía lo que quería decirme.
Entonces así sin más, de repente, desapareció. Y escuché su voz que decía:
- Tranquila, estoy aquí. Puedo hacerme invisible. Te lo explicaré en otro momento.
Cada minuto que pasaba, me sorprendía más.
Se abrió la puerta de golpe, y el rostro enfadado de mi tía se frunció cuando empezó a gritarme:
- ¡ Se puede saber dónde estabas!?
No contesté. Permanecí en silencio. Se acercó a mi, y me pegó. Sí, me pegó. Comprimí las lágrimas, pero cuando salió dando un portazo, todas se derramaron sobre mi mejilla lentamente...
Entonces sentí la mano de Martín y, aunque no pudiera verle, imagine su sonrisa, la sonrisa de un amigo que es capaz de borrar cada lágrima.