Me desperté sobresaltada tras una pesadilla, de esas que no te dejan dormir y te despiertas cada dos por tres. Miré el reloj y todavía eran las cuatro de la madrugada. No tenía sueño. Y nosé porqué, pero tenía unas enormes ganas de llorar. Desde que había pasado todo aquello, no había pasado un solo día en el que no derramara una lágrima. Intenté reprimir el llanto, pero tenía tanta rabia, tanta pena y tantas emociones dentro que fueron más fuertes, entonces rompí a llorar. Lloré en silencio.
Pero entonces pensé en Martín y poco a poco, me fui calmando hasta ponerme en pie. Él me había dicho que las personas de Marte no dormían, así que pasaría la noche en la ciudad, volando y explorando. Quería verle y que me contara mil cosas, tenía tantas preguntas que hacerle... Así que despacio, abri la ventana para ver si lo veía. Miré al cielo. De pronto escuché una voz que me llamaba. Primero, pensé que era mi tía, pero después comprobé que era Martín que me llamaba desde el tejado.
Bajó hasta la ventana y me sonrió.
- Hola Martín- le dije.
- Hola Soraya. ¿ Porqué no duermes ?- me preguntó extrañado.
- He tenido una pesadilla...
- ¿ Que es eso?- se extrañó de nuevo.
- Es como... un mal sueño. Mientras duermes piensas cosas, a veces bonitas pero otras... no tanto. Hoy a sido una de esas veces en las que los sueños no son tan bonitos.
- ¿ Y que pasaba en tu pesadilla ?
- No me acuerdo- le mentí.
En mi pesadilla, en mi mal sueño, yo iba en coche con mis padres, como cuando ocurrió el accidente solo que esta vez, yo también me moría.
- Ah. Yo he estado en el tejado- me dijo.
- ¿ Todo el tiempo ?- le pregunté.
- Bueno, no todo. He ido a la ventana de tu tía a ver como dormía, pero roncaba mucho- me dijo riendo.
- Ja ja ja ja.
- ¿Quieres venir al tejado ?
- ¿ Y como voy a subir ?
- Puedo llevarte- me respondió sonriendo.
- ¿ Cómo ?
Entonces me tendió la mano, y yo, sin dudarlo, le agarré fuerte.
- Salta- me dijo.
Entonces en ese momento, ni siquiera pensé lo que hacía, pero me lancé por la ventana. Sentí que me caía pero, la mano de Martín me agarró con más fuerza y cuando abrí los ojos, estaba suspendida en el aire. Era increíble, una sensación que nunca podré explicar. Entonces comenzó a volar y me arrastró por el aire, haciendo que se me pusiera la piel de gallina y que una sonrisa se pintara en mi rostro. Llegamos al tejado y nos sentamos.
- ¡ Guau !- excalmé- Ha sido increíble.
- Se te nota por tu cara de felicidad- me dijo.
Entonces me di cuenta de que no mentía, de que gracias a él, a pesar de todo lo que me había pasado en la vida, había vuelto a sonreír.
- Martín, ¿tú tienes padres ?
- No.
- Lo siento...
- ¿ Por qué lo sientes ? - me preguntó sorprendido.
- ¿ No han muerto ?
- Soraya, en Marte nadie tiene padres.
- No lo entiendo.
- La gente no nace como en la Tierra. Simplemente allí, la gente aparece como de la nada. Puedes aparecer siendo niño, pero también puedes aparecer siendo ya un adulto o un anciano.
"Qué extraño y a la vez que fascinante", pensé.
- Entiendo... ¿ y vas al colegio ?- le pregunté. Quería saberlo todo.
- Allí no hay nada de eso. No nos hace falta porque ya sabemos todo lo necesario para vivir.
- ¿Y como pasáis el tiempo ?
- Pues, allí, hablamos, volamos a otros planetas, exploramos nuevos lugares...
- Me encantaría poder ir allí con tigo, Martín.
Me sorprendí a mi misma diciéndole aquello. Pero, era la realidad.
- Ven. Podemos arreglar mi nave y vienes con migo. Ya nunca verás a la gruñona de tu tía, y te prometo que allí olvidarás todas tus penas que se convertirán en felicidad.
Después de decir aquello me miró a los ojos y sonrió. Entonces me di cuenta de la suerte que tenía de haberle encontrado. Miré al cielo y en aquel instante, pasó una estrella fugaz. Pedí un deseo y nosé como, pero note que Martín había pedido el mismo deseo que yo.
Amigos para siempre...
Pero entonces pensé en Martín y poco a poco, me fui calmando hasta ponerme en pie. Él me había dicho que las personas de Marte no dormían, así que pasaría la noche en la ciudad, volando y explorando. Quería verle y que me contara mil cosas, tenía tantas preguntas que hacerle... Así que despacio, abri la ventana para ver si lo veía. Miré al cielo. De pronto escuché una voz que me llamaba. Primero, pensé que era mi tía, pero después comprobé que era Martín que me llamaba desde el tejado.
Bajó hasta la ventana y me sonrió.
- Hola Martín- le dije.
- Hola Soraya. ¿ Porqué no duermes ?- me preguntó extrañado.
- He tenido una pesadilla...
- ¿ Que es eso?- se extrañó de nuevo.
- Es como... un mal sueño. Mientras duermes piensas cosas, a veces bonitas pero otras... no tanto. Hoy a sido una de esas veces en las que los sueños no son tan bonitos.
- ¿ Y que pasaba en tu pesadilla ?
- No me acuerdo- le mentí.
En mi pesadilla, en mi mal sueño, yo iba en coche con mis padres, como cuando ocurrió el accidente solo que esta vez, yo también me moría.
- Ah. Yo he estado en el tejado- me dijo.
- ¿ Todo el tiempo ?- le pregunté.
- Bueno, no todo. He ido a la ventana de tu tía a ver como dormía, pero roncaba mucho- me dijo riendo.
- Ja ja ja ja.
- ¿Quieres venir al tejado ?
- ¿ Y como voy a subir ?
- Puedo llevarte- me respondió sonriendo.
- ¿ Cómo ?
Entonces me tendió la mano, y yo, sin dudarlo, le agarré fuerte.
- Salta- me dijo.
Entonces en ese momento, ni siquiera pensé lo que hacía, pero me lancé por la ventana. Sentí que me caía pero, la mano de Martín me agarró con más fuerza y cuando abrí los ojos, estaba suspendida en el aire. Era increíble, una sensación que nunca podré explicar. Entonces comenzó a volar y me arrastró por el aire, haciendo que se me pusiera la piel de gallina y que una sonrisa se pintara en mi rostro. Llegamos al tejado y nos sentamos.
- ¡ Guau !- excalmé- Ha sido increíble.
- Se te nota por tu cara de felicidad- me dijo.
Entonces me di cuenta de que no mentía, de que gracias a él, a pesar de todo lo que me había pasado en la vida, había vuelto a sonreír.
- Martín, ¿tú tienes padres ?
- No.
- Lo siento...
- ¿ Por qué lo sientes ? - me preguntó sorprendido.
- ¿ No han muerto ?
- Soraya, en Marte nadie tiene padres.
- No lo entiendo.
- La gente no nace como en la Tierra. Simplemente allí, la gente aparece como de la nada. Puedes aparecer siendo niño, pero también puedes aparecer siendo ya un adulto o un anciano.
"Qué extraño y a la vez que fascinante", pensé.
- Entiendo... ¿ y vas al colegio ?- le pregunté. Quería saberlo todo.
- Allí no hay nada de eso. No nos hace falta porque ya sabemos todo lo necesario para vivir.
- ¿Y como pasáis el tiempo ?
- Pues, allí, hablamos, volamos a otros planetas, exploramos nuevos lugares...
- Me encantaría poder ir allí con tigo, Martín.
Me sorprendí a mi misma diciéndole aquello. Pero, era la realidad.
- Ven. Podemos arreglar mi nave y vienes con migo. Ya nunca verás a la gruñona de tu tía, y te prometo que allí olvidarás todas tus penas que se convertirán en felicidad.
Después de decir aquello me miró a los ojos y sonrió. Entonces me di cuenta de la suerte que tenía de haberle encontrado. Miré al cielo y en aquel instante, pasó una estrella fugaz. Pedí un deseo y nosé como, pero note que Martín había pedido el mismo deseo que yo.
Amigos para siempre...
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